Rosario, 25 de enero
de 2008
Richard Galliano |
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El acordeonista francés Richard Galliano es considerado
el heredero del inmortal Astor Piazolla, por su forma virtuosa
de tocar y por la amplitud de sus inquietudes musicales: en
las composiciones de Galliano pueden encontrarse reminiscencias
del vals musette parisino, del tango porteño, de la
era dorada del swing, y de la herencia afroamericana dejada
por Charlie Parker y John Coltrane. Fiel siempre al que fue
su maestro, Galliano ha participado en los últimos
años en todos los grandes festivales internacionales,
y la nómina de músicos con los que ha colaborado
es impresionante: Joe Zawinul, Charlie Haden, Al Foster, Juliette
Greco, Charles Aznavour, Ron Carter, Jan Garbarek, Michel
Petrucciani, Martial Solal, Miroslav Vitous y Chet Baker,
entre otros.
Galliano ha participado en los últimos años
en todos los grandes festivales internacionales, y la nómina
de músicos con los que ha colaborado es impresionante:
Joe Zawinul, Charlie Haden, Al Foster, Juliette Greco, Charles
Aznavour, Ron Carter, Jan Garbarek, Michel Petrucciani, Martial
Solal, Miroslav Vitous y Chet Baker, entre otros.
Richard Galliano nació en Le Cannet (Francia) en 1950.
Su padre Lucien, un acordeonista italiano afincado en Niza,
le introdujo en el acordeón a los 4 años. Estudió
además trombón, armonía y contrapunto,
y a los 14 años empezó a interesarse por el
jazz, escuchando ávidamente los discos del gran trompetista
Clifford Brown.
Conforme más profundizaba en el conocimiento del jazz,
al joven Richard le sorprendía que no hubiera prácticamente
ningún acordeonista participando en esa aventura musical.
“Comencé a investigar y uno de mis profesores,
Claude Noel, un disidente del acordeón, me hizo descubrir
a los maestros italianos (Fugazza, Volpi, Fancelli) y americanos,
como Art Van Damme y Ernie Felice, que tocaba con Benny Goodman
en 1947. Pasé mi adolescencia buscando discos de esos
músicos, pues era una época en la que sólo
se encontraban en las tiendas cosas de Verchuren, Aimable
o Yvette Horner”, explica Galliano.
Durante sus años de aprendizaje, tuvo que soportar
las miradas burlonas de todos los que creían, siguiendo
la opinión expresada por André Hodeir, que el
acordeón es un instrumento “anti-jazz”.
Y, efectivamente, el jazz no le daba entonces para vivir,
por lo que se concentró en convertirse en un virtuoso
del instrumento para ganar campeonatos y premios: Campeón
del Mundo en 1966 en Valencia y en 1967 en Calais, Premio
del Presidente de la República en 1968, Premio Django
Reinhardt al mejor músico de jazz otorgado por la Academia
de Jazz de Francia en 1993.
En 1973, Galliano se decide por fin a dar el salto a París,
y la suerte le acompaña: Claude Nougaro le contrata
para su banda. “Entré en su orquesta a los 25
años para reemplazar a Eddy Louis. Allí estaban,
además de Nougaro, Bellonzi, Trussardi y Vander, así
que para mí fue una auténtica escuela de aprendizaje.
Asumí después los papeles de jefe de orquesta,
arreglista y compositor. Estar al frente de una orquesta como
la de Nougaro es una experiencia que marca. Aprendí
sobre todo la importancia de la melodía. Cuando compongo
en mi piano, pienso sobre todo en la canción, aunque
sean piezas instrumentales”.
El encuentro con Astor Piazzolla fue decisivo. “Piazzolla
me dijo: Tienes una imagen de acordeonista de jazz, demasiado
americanizado. Eso no es bueno en absoluto. Encuentra tus
raíces francesas. Igual que yo he inventado el tango
nuevo, es preciso que tú te adentres en la nueva musette”,
cuenta Galliano. “Pero la etiqueta musette era difícil
de llevar. Era una música del pasado, desfasada, porque
sus practicantes continuaban tocando el acordeón como
en 1930, como si Charlie Parker, John Coltrane y Jimi Hendrix
no hubieran existido nunca. En cambio yo le añado mis
influencias más profundas, que son Astor Piazzolla,
John Coltrane, Bill Evans y Claude Debussy”.
Espoleado por el consejo de Piazzolla, Galliano se aplicó
a reconstruir con pasión, pero también con paciencia,
el puzzle de todas sus influencias, hasta llegar efectivamente
a la nueva musette: “Es la suma de todas mis experiencias
pasadas, la idea de un jazz de aquí, próximo
a mi ambiente, pues vivo en París, y a mis raíces
italianas. Pero me niego a definir de manera más precisa
mi proyecto: no he sacado al acordeón de un ghetto
para encerrarlo en otro”, comenta categóricamente
Galliano. Es una música que, aunque esté enraizada
en la tradición, sólo le pertenece a él.
Siempre tiene palabras de recuerdo y agradecimiento para Piazzolla:
“En una época en la que yo no sabía hacia
donde iba, él me guió y me ayudó a comprender
la necesidad de preservar mi identidad. Me dio además
una gran confianza en este instrumento que ha sobrevivido
a todas las modas, todas las pasiones y todos los rechazos”.
La amistad entre ambos músicos durará hasta
la muerte de Astor Piazzolla en 1992.
En su discografía más reciente, destacan: Viaggio
(1993), Premio Django de Oro al mejor álbum del año;
Laurita (1995), New York Tango (1996), Blow Up (1997), French
Touch (1998), Passatori (1999), Gallianissimo (2001), Face
to Face (2001), Piazzolla Forever (2003), Ruby My Dear (2005),
Trois danses (2005), Luz Negra (2007) y If You Love Me (2007),
producido con la colaboración de Gary Burton.
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para mayor información, comunicarse a:
sergiocies@gmail.com
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